Después de varios meses de blog vuelvo al inicio, y porque alguien me ha dado la oportunidad, puedo volver a hablar realmente de lo que pasa a mí alrededor. De los lugares y de su gente, de aquello que a nosotros nos puede resultar tremendamente extraño y que no es más que parte de lo cotidiano, de lo que de algún modo se hace sin la más mínima reflexión, sin pensar más allá de lo inmediato para lo que da nuestra capacidad.
Porque una cosa es reivindicar las costumbres, la cultura y la historia de un pueblo, aquello que en tantas ocasiones nos ha llevado a palparnos la cara, y otra muy distinta son las “costumbres”, la “cultura” y la “historia” de la gente, aquello que no está escrito, que te pueden contar y que supongo que alguien de una u otra manera le dará forma, en una novela, en un guión de película, más o menos objetivo, en una canción o en un dibujo.
Soy lector habitual de un blog que cuenta el trascurrir cotidiano de la vida en un país como Estados Unidos, del cual he llegado a la conclusión que no sabemos nada, unas veces tan parecido a nosotros y otras tantas a una distancia casi infinita, y sirve para aprender, para entender, para compartir, y no es más que lo que pasa alrededor de alguien.
Hacía tiempo que no tenía una experiencia de alto riesgo, de las cuales huyo habitualmente. No soy uno de esos que necesite experiencias fuertes para seguir viviendo, me conformo con lo habitual, seguramente porque lo habitual ya es bastante. Nunca había nadado entre un banco de peces, de millares de peces, dentro de un caos absoluto en cuanto al orden, pero de una sincronización perfecta. Todo esto es una metáfora, ya que lo único que he hecho es conducir una motocicleta por las calles de HCMC, donde de la inmediata sensación de miedo, de inseguridad y de estrés, se pasa al disfrute del sentirse un pez más, a ser casi dirigido por los demás y a creer que todo se puede, todo menos ordenar esto, un semáforo si sería aquí mortal.
Porque una cosa es reivindicar las costumbres, la cultura y la historia de un pueblo, aquello que en tantas ocasiones nos ha llevado a palparnos la cara, y otra muy distinta son las “costumbres”, la “cultura” y la “historia” de la gente, aquello que no está escrito, que te pueden contar y que supongo que alguien de una u otra manera le dará forma, en una novela, en un guión de película, más o menos objetivo, en una canción o en un dibujo.
Soy lector habitual de un blog que cuenta el trascurrir cotidiano de la vida en un país como Estados Unidos, del cual he llegado a la conclusión que no sabemos nada, unas veces tan parecido a nosotros y otras tantas a una distancia casi infinita, y sirve para aprender, para entender, para compartir, y no es más que lo que pasa alrededor de alguien.
Hacía tiempo que no tenía una experiencia de alto riesgo, de las cuales huyo habitualmente. No soy uno de esos que necesite experiencias fuertes para seguir viviendo, me conformo con lo habitual, seguramente porque lo habitual ya es bastante. Nunca había nadado entre un banco de peces, de millares de peces, dentro de un caos absoluto en cuanto al orden, pero de una sincronización perfecta. Todo esto es una metáfora, ya que lo único que he hecho es conducir una motocicleta por las calles de HCMC, donde de la inmediata sensación de miedo, de inseguridad y de estrés, se pasa al disfrute del sentirse un pez más, a ser casi dirigido por los demás y a creer que todo se puede, todo menos ordenar esto, un semáforo si sería aquí mortal.
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