
lunes 23 de noviembre de 2009
domingo 15 de noviembre de 2009
Cosas de aviones
Cuando uno está en un sitio rodeado de gente, de gente que uno va a compartir a lo mejor las últimas horas de vida, y por favor que alguien se ría porque es una broma, la cosa empieza por tener algo de interés si te pones a imaginar quién es cada uno, que hará tan lejos de su casa, dónde estará su casa, qué tipo de relaciones tendrá o cuál será su magnífico negocio, hasta que das el segundo paso y te pones a analizar, y es cuando adivinas que estos van de viaje de novios a deshora, que el de más allá es la primera vez que se monta en uno de estos, que el otro seguro que vive cerca de Albacete pero no en el mismo Albacete y que el negocio es ver qué pueden zampar del bolsillo que cada uno tiene en el respaldo del asiento delantero, incluida la bolsa de papel para emergencias, que digo yo que para algo más servirá.
Y entre todos los subgrupos, dos grupos generales: los que se sientan a tu lado, codo con codo nunca mejor dicho, y ni perciben tu presencia, y los que necesitan conocer de ti, y sobre todo que tú sepas de ellos, que lo sepas todo, pero todo.
Si el vuelo dura 45 minutos es prácticamente seguro que se trata de un enlace y estos últimos vienen agotados del gran vuelo y únicamente te saludan o si se van a coger el gran vuelo se reservan las fuerzas y tan solo te comentan su itinerario en las próximas 24 horas.
Si tienes la suerte de coincidir con ellos en el gran vuelo, y hablo de 10 horas en adelante, o eres un tipo rápido y eres capaz de dejar las cosas claras desde el principio (sin ofender eso sí ya que nunca sabes en la que te puedes ver y a lo mejor te toca compartir el flotador amarillo ese que se pasa por el cuello) o tienes el viaje sentenciado.
Y no os imaginéis a la señora mayor contando las relaciones con su nuera, y la vida de sus nietos. De estos sí que hay de todos, desde los enviados del reino del, no recuerdo el número del cielo, el seudo directivo chuleta de multinacional, hasta el activista que te habla en voz baja por si los del asiento de detrás pueden ser espías. Tremendo.
Bueno, hay unas pastillas que te dejan dormido alrededor de 7 horas seguidas, no tienen efectos secundarios y cuando despiertas todos parecen sonreír. Sólo en caso de emergencia.
Y entre todos los subgrupos, dos grupos generales: los que se sientan a tu lado, codo con codo nunca mejor dicho, y ni perciben tu presencia, y los que necesitan conocer de ti, y sobre todo que tú sepas de ellos, que lo sepas todo, pero todo.
Si el vuelo dura 45 minutos es prácticamente seguro que se trata de un enlace y estos últimos vienen agotados del gran vuelo y únicamente te saludan o si se van a coger el gran vuelo se reservan las fuerzas y tan solo te comentan su itinerario en las próximas 24 horas.
Si tienes la suerte de coincidir con ellos en el gran vuelo, y hablo de 10 horas en adelante, o eres un tipo rápido y eres capaz de dejar las cosas claras desde el principio (sin ofender eso sí ya que nunca sabes en la que te puedes ver y a lo mejor te toca compartir el flotador amarillo ese que se pasa por el cuello) o tienes el viaje sentenciado.
Y no os imaginéis a la señora mayor contando las relaciones con su nuera, y la vida de sus nietos. De estos sí que hay de todos, desde los enviados del reino del, no recuerdo el número del cielo, el seudo directivo chuleta de multinacional, hasta el activista que te habla en voz baja por si los del asiento de detrás pueden ser espías. Tremendo.
Bueno, hay unas pastillas que te dejan dormido alrededor de 7 horas seguidas, no tienen efectos secundarios y cuando despiertas todos parecen sonreír. Sólo en caso de emergencia.
domingo 8 de noviembre de 2009
alrededor
Después de varios meses de blog vuelvo al inicio, y porque alguien me ha dado la oportunidad, puedo volver a hablar realmente de lo que pasa a mí alrededor. De los lugares y de su gente, de aquello que a nosotros nos puede resultar tremendamente extraño y que no es más que parte de lo cotidiano, de lo que de algún modo se hace sin la más mínima reflexión, sin pensar más allá de lo inmediato para lo que da nuestra capacidad.
Porque una cosa es reivindicar las costumbres, la cultura y la historia de un pueblo, aquello que en tantas ocasiones nos ha llevado a palparnos la cara, y otra muy distinta son las “costumbres”, la “cultura” y la “historia” de la gente, aquello que no está escrito, que te pueden contar y que supongo que alguien de una u otra manera le dará forma, en una novela, en un guión de película, más o menos objetivo, en una canción o en un dibujo.
Soy lector habitual de un blog que cuenta el trascurrir cotidiano de la vida en un país como Estados Unidos, del cual he llegado a la conclusión que no sabemos nada, unas veces tan parecido a nosotros y otras tantas a una distancia casi infinita, y sirve para aprender, para entender, para compartir, y no es más que lo que pasa alrededor de alguien.
Hacía tiempo que no tenía una experiencia de alto riesgo, de las cuales huyo habitualmente. No soy uno de esos que necesite experiencias fuertes para seguir viviendo, me conformo con lo habitual, seguramente porque lo habitual ya es bastante. Nunca había nadado entre un banco de peces, de millares de peces, dentro de un caos absoluto en cuanto al orden, pero de una sincronización perfecta. Todo esto es una metáfora, ya que lo único que he hecho es conducir una motocicleta por las calles de HCMC, donde de la inmediata sensación de miedo, de inseguridad y de estrés, se pasa al disfrute del sentirse un pez más, a ser casi dirigido por los demás y a creer que todo se puede, todo menos ordenar esto, un semáforo si sería aquí mortal.
Porque una cosa es reivindicar las costumbres, la cultura y la historia de un pueblo, aquello que en tantas ocasiones nos ha llevado a palparnos la cara, y otra muy distinta son las “costumbres”, la “cultura” y la “historia” de la gente, aquello que no está escrito, que te pueden contar y que supongo que alguien de una u otra manera le dará forma, en una novela, en un guión de película, más o menos objetivo, en una canción o en un dibujo.
Soy lector habitual de un blog que cuenta el trascurrir cotidiano de la vida en un país como Estados Unidos, del cual he llegado a la conclusión que no sabemos nada, unas veces tan parecido a nosotros y otras tantas a una distancia casi infinita, y sirve para aprender, para entender, para compartir, y no es más que lo que pasa alrededor de alguien.
Hacía tiempo que no tenía una experiencia de alto riesgo, de las cuales huyo habitualmente. No soy uno de esos que necesite experiencias fuertes para seguir viviendo, me conformo con lo habitual, seguramente porque lo habitual ya es bastante. Nunca había nadado entre un banco de peces, de millares de peces, dentro de un caos absoluto en cuanto al orden, pero de una sincronización perfecta. Todo esto es una metáfora, ya que lo único que he hecho es conducir una motocicleta por las calles de HCMC, donde de la inmediata sensación de miedo, de inseguridad y de estrés, se pasa al disfrute del sentirse un pez más, a ser casi dirigido por los demás y a creer que todo se puede, todo menos ordenar esto, un semáforo si sería aquí mortal.
domingo 1 de noviembre de 2009
16...28…32…75
¿Qué qué significa esto?, pues que acabo de hacer 16 horas de vuelo seguidas, que de puerta a puerta, que es lo que cuenta, he tardado 28 horas, que en este nuevo lugar hace una temperatura de 33º y lo del 75 es el tanto por cien de humedad relativa, que habrá aumentado algo desde que forma parte de estos 8 millones de habitantes que juegan a empujarse en HCMC.
A las 17 horas empieza a oscurecer y mañana, Dios mediante, amanecerá a las 5:45, con lo que las horas de sol, eso sí intensísimo, son de 11:45 minutos. Y no doy más números porque los míos comienzan a flojear. Los vitales, aquellos que a todos nos hace falta tener al día sino ya sabemos que pasa, y en los tiempos que corren es fundamental tener los números al día, y actualizados.
Siempre te vas pensando que te dejas a alguien colgado, que no pudiste llamar el último día en el último momento, pero unos tienen que ser más comprensivos y el otro dejar de verse imprescindible…, ya se arreglaran.
Cero…
domingo 25 de octubre de 2009
… no vale la pena trabajar
El otro día escuchaba semejante abrupto y salía de la boca de un joven que seguramente se alimenta de otros, supongo que de sus padres o simplemente del Estado, bueno en minúscula, estado, si es que alguna vez trabajó.
Se ha educado en lo fácil, en que ganarse las habichuelas debe ser rápido y costar poco, y si no es así no vale la pena mover un músculo porque, eso sí, parece que siempre hay alguien dispuesto a socorrernos.
Evidentemente el paro es un gran problema en los tiempos que corren, seguramente una de nuestras principales preocupaciones en estos momentos, pero me preocupa cuando toda una sociedad espera que alguien la contrate para trabajar, que alguien vaya al encuentro de nuestro perfil y que nosotros lo estemos esperando con el currículo bajo el brazo. Alguien se equivoca. Sinceramente soy de los que piensa que todo el mundo tiene alguna capacidad única para desarrollar, distinta del resto, que es mejor que la del hijo del vecino y que puede servir para dejar de no trabajar.
En un país como Vietnam, todo el mundo parece tener algo que hacer, por poco que sea, por humilde recompensa que tenga, pero con capacidad de dignificar y asombrar a la propia persona, y esto no tiene connotación política. Uno sale de casa cuando decide abrir la puerta y salir, y si esa decisión no la encuentra acaba quedándose enganchado al canal ficción.
Sin dejar de lado el sentido de la realidad, muchas veces no hay más que recurrir a lo que uno quiere ser y no a lo que quiere tener, a la capacidad de hacer y la intención de creer en poder hacer. Hay una acción que la mayoría de gente nunca ha probado y se sorprendería de lo que es capaz de provocar: crear.
Se ha educado en lo fácil, en que ganarse las habichuelas debe ser rápido y costar poco, y si no es así no vale la pena mover un músculo porque, eso sí, parece que siempre hay alguien dispuesto a socorrernos.
Evidentemente el paro es un gran problema en los tiempos que corren, seguramente una de nuestras principales preocupaciones en estos momentos, pero me preocupa cuando toda una sociedad espera que alguien la contrate para trabajar, que alguien vaya al encuentro de nuestro perfil y que nosotros lo estemos esperando con el currículo bajo el brazo. Alguien se equivoca. Sinceramente soy de los que piensa que todo el mundo tiene alguna capacidad única para desarrollar, distinta del resto, que es mejor que la del hijo del vecino y que puede servir para dejar de no trabajar.
En un país como Vietnam, todo el mundo parece tener algo que hacer, por poco que sea, por humilde recompensa que tenga, pero con capacidad de dignificar y asombrar a la propia persona, y esto no tiene connotación política. Uno sale de casa cuando decide abrir la puerta y salir, y si esa decisión no la encuentra acaba quedándose enganchado al canal ficción.
Sin dejar de lado el sentido de la realidad, muchas veces no hay más que recurrir a lo que uno quiere ser y no a lo que quiere tener, a la capacidad de hacer y la intención de creer en poder hacer. Hay una acción que la mayoría de gente nunca ha probado y se sorprendería de lo que es capaz de provocar: crear.
domingo 18 de octubre de 2009
El invento de inventar
Si hay algo que no le entusiasma mucho al género humano es reconocer el trabajo de los demás. Eso se va curando cuando uno trabaja en grupo y se rodea de gente más capaz que uno mismo. De este modo acabas reconociendo el trabajo de los demás y las inmensas capacidades que tiene el vecino de enfrente.
Esta semana me he topado con el nuevo trabajo de un personaje llamado James Dyson, que hace más o menos unos treinta años revolucionó la industria de las aspiradoras con su invento. Ahora James, Dyson para los amigos, ha vuelto a inventar un nuevo aparato que provoca una corriente de aire, vamos un ventilador, pero esta vez sin aspas y con una corriente continua y uniforme.
Creo que a estas alturas no es ninguna tontería, se me ocurren infinidad de usos de este nuevo invento, y lo que realmente me produce el reconocimiento es el invento de una cosa de estas en este año de este siglo, ¿dónde estaba este tío durante todo este tiempo?, supongo que inventando. Todo un invento.
Tenía la convicción que todos los esfuerzos estaban dedicados a los descubrimientos vinculados a la medicina y al desarrollo de nuevas tecnologías, que sin duda son de capital importancia, pero en ocasiones pequeñas cosas son las que verdaderamente nos facilitan la existencia en este planeta y que además pueden hacer que dure algo más.
Estos descubridores modernos, que ahora nos podemos congratular de que sean contemporáneos nuestros, Steve Jobs (Apple), Fernando Mazariegos (Filtro de agua potable), Humbergo Vigueras y Pedro Sánchez (Cama para discapacitados), Bill Gates (Microsoft), James Dyson (lo que he contado), son los conquistadores del futuro, aquellos que a base de no otra cosa que sea trabajo nos dejarán algo al resto de mortales.
http://www.dyson.com/fans/
Esta semana me he topado con el nuevo trabajo de un personaje llamado James Dyson, que hace más o menos unos treinta años revolucionó la industria de las aspiradoras con su invento. Ahora James, Dyson para los amigos, ha vuelto a inventar un nuevo aparato que provoca una corriente de aire, vamos un ventilador, pero esta vez sin aspas y con una corriente continua y uniforme.
Creo que a estas alturas no es ninguna tontería, se me ocurren infinidad de usos de este nuevo invento, y lo que realmente me produce el reconocimiento es el invento de una cosa de estas en este año de este siglo, ¿dónde estaba este tío durante todo este tiempo?, supongo que inventando. Todo un invento.
Tenía la convicción que todos los esfuerzos estaban dedicados a los descubrimientos vinculados a la medicina y al desarrollo de nuevas tecnologías, que sin duda son de capital importancia, pero en ocasiones pequeñas cosas son las que verdaderamente nos facilitan la existencia en este planeta y que además pueden hacer que dure algo más.
Estos descubridores modernos, que ahora nos podemos congratular de que sean contemporáneos nuestros, Steve Jobs (Apple), Fernando Mazariegos (Filtro de agua potable), Humbergo Vigueras y Pedro Sánchez (Cama para discapacitados), Bill Gates (Microsoft), James Dyson (lo que he contado), son los conquistadores del futuro, aquellos que a base de no otra cosa que sea trabajo nos dejarán algo al resto de mortales.
http://www.dyson.com/fans/
domingo 11 de octubre de 2009
La Flauta de Hamelín
Algo ha pasado. Desde hace un tiempo, el 80% de la Prensa dedica sus páginas a hablar de política. De quién gobierna, de cómo gobiernan, de los que se oponen a los que gobiernan y así hasta llegar a los políticos, lo que hacen y cómo lo hacen, sus vidas, cómo visten y qué ropa les gusta, y muestra de ello las portadas de revistas de modas, los posados, sus bodas, sus vacaciones…
Y alguien había pactado el pago de toda esta puesta en escena, que de alguna forma no se ha hecho efectivo, de hacer famosos a los que únicamente debían trabajar desde un puesto de la Administración por los demás, y que como los árbitros en el deporte, el objetivo habría tenido que ser pasar desapercibidos, evidentemente después de hacer bien su trabajo.
Ahora es cuando la prensa ha cogido la Flauta de la famosa ciudad alemana de la Baja Sajonia y no para otra cosa que marcar el ritmo a los políticos.
Todos, los que gobiernan, los que se oponen, los que posan, los que se casan, los que se van de vacaciones,… y a los que veremos anunciar la Nocilla, hablan y actúan según marca la Prensa, y las “Ruedas de Prensa” se han convertido en respuestas a las dulces melodías de la Flauta de Hamelín.
Parece que no sólo es cosa de nuestro querido territorio, de ahí lo famoso de la ciudad alemana, y los políticos quieren también ahora tocar el instrumento. Se equivocan. La flauta ya está chupada y además va a ser difícil robar el instrumento. Propondría que se dedicaran a administrar, a lo mejor, si lo hacen bien, dejan de hablar de ellos. Aproximadamente el 96% de la sociedad trabaja y trabaja bien y en pocas ocasiones se habla de ellos.
Y alguien había pactado el pago de toda esta puesta en escena, que de alguna forma no se ha hecho efectivo, de hacer famosos a los que únicamente debían trabajar desde un puesto de la Administración por los demás, y que como los árbitros en el deporte, el objetivo habría tenido que ser pasar desapercibidos, evidentemente después de hacer bien su trabajo.
Ahora es cuando la prensa ha cogido la Flauta de la famosa ciudad alemana de la Baja Sajonia y no para otra cosa que marcar el ritmo a los políticos.
Todos, los que gobiernan, los que se oponen, los que posan, los que se casan, los que se van de vacaciones,… y a los que veremos anunciar la Nocilla, hablan y actúan según marca la Prensa, y las “Ruedas de Prensa” se han convertido en respuestas a las dulces melodías de la Flauta de Hamelín.
Parece que no sólo es cosa de nuestro querido territorio, de ahí lo famoso de la ciudad alemana, y los políticos quieren también ahora tocar el instrumento. Se equivocan. La flauta ya está chupada y además va a ser difícil robar el instrumento. Propondría que se dedicaran a administrar, a lo mejor, si lo hacen bien, dejan de hablar de ellos. Aproximadamente el 96% de la sociedad trabaja y trabaja bien y en pocas ocasiones se habla de ellos.
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